
Principalmente, con maderas nativas de Ciprés de las Guaitecas, Mañio, Ulmo, Teneo, y Coigue, los llamados “Maestros de Ribera”, trabajan en cuadrillas de tres personas, durante seis meses, para construir una de estas embarcaciones. Por herencia familiar, el oficio es transmitido de padres a hijos: las medidas y líneas del barco, son aprendidas de memoria y se trabaja a partir de modelos a escala y proporciones establecidas, sin planimetría. En un comienzo fueron embarcaciones abiertas (sin cubierta), con pequeños castillos en la proa y popa que luego fueron cerrados. Su tamaño va de los 8 a 10 metros de eslora (largo) y la manga (ancho) es un 40% aproximadamente de la eslora. Se caracterizan por ser muy estables para navegar, son de fácil maniobra y calan (profundidad de la embarcación, máxima dimensión sumergida del casco medida verticalmente) bastante poco. Su estructura se basa en la curvatura natural de las maderas nativas. Generalmente las velas son de algodón. Estas características permiten a la embarcación navegar con fuertes vientos, mareas que varían diariamente unos 7 metros, gran oleaje y corrientes.
Nota original en Plataforma Arquitectura
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